Archivos Mensuales: diciembre 2011

Extraescolares sí, pero también necesitan tiempo para jugar

Las clases extraescolares que ofrecen los centros educativos cumplen una importantísima labor más allá de la diversión de los pequeños y del desahogo para los padres que trabajan por las tardes. Pero, para que cumplan sus funciones, resulta imprescindible que las imparta personal capacitado y que no se abuse de las horas que el niño dedica a ellas.

También hay que tener en cuenta que, si bien estas clases no son estrictamente escolares, y en muchos casos pueden resultar divertidas, sigue siendo necesario que los niños dispongan de tiempo libre. Las clases extraescolares son pautadas y suponen un límite al juego en libertad, por lo que no es recomendable ‘saturar’ la agenda de los niños con este tipo de actividades, convirtiendo cada tarde en un listado de clases a las que atender.

Es complicado encontrar el equilibrio, porque la medida ‘justa’ de clases a las que debe acudir un niño depende mucho de él mismo, de su forma de ser, de su edad, sus capacidades… y sus gustos. De poco sirve apuntar a piano a un crío al que no le gusta la música porque no lo va a disfrutar. El hecho de que su padre quiera ser pianista y vuelque sus frustraciones en su hijo no sólo no sirve, sino que puede ser contraproducente.

En todo caso, hay que poner un límite a las actividades, porque el campo de aprendizaje de los niños pequeños es muy amplio. También desarrollan su creatividad a través del juego y si limitamos ese tipo de aprendizaje también limitamos otros conocimientos no académicos pero igual de necesarios.Ahora que tanto se habla de emprendedores, hay que tener en cuenta que capacidades como esa, la de ver posibilidades donde otros no las ven, se desarrollan enormemente a través del juego y de la relación entre iguales. Ese aprendizaje está más allá del libro de texto y no hay que coartarlo.

Esto es lo que se llama ‘aprendizaje significativo’, aquel que nos permite enlazar los conocimientos teóricos y académicos que aprendemos con la experiencia real de nuestra vida. También permite enlazar los nuevos conocimientos con los ya construidos y favorece la aplicación de lo aprendido en un campo en otro distinto. Estar en la calle jugando con otros niños, salir a la naturaleza o relacionarse con el medio social ayuda a los pequeños a ir configurando una forma de ser y actuar en el futuro, fuera de las aulas y los libros de texto.

De forma que, aunque sean altamente recomendables, las clases extraescolares no pueden ser el pan nuestro de cada día. Lo más conveniente es que se curse una por jornada, y no a diario, aunque, como se ha dicho, depende de la edad y del carácter de cada niño.

Por eso hay que encontrar lo que le convenga a cada niño en cada etapa del crecimiento. Hay deportes adecuados para los 7 y los 14 años, al igual que hay materias más indicadas para niños más pequeños y otras para adolescentes. Para los padres, dar en el clavo con la actividad adecuada es todo un reto, pero si aciertan sera mucho más rentable. El niño disfrutará y, por eso, aprenderá mejor. Ellos tendrán algo más de tiempo disponible y verán cumplidos sus deseos de dotarles de una formación extra.

 

 

Coti Coloma* es psicóloga infantil

Fuente: El Confidencial, 20.09.2011

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“Lo que pensamos varía nuestra biología”

Podemos cambiar. No se trata de un gurú de las pseudociencias, Lipton impartió clases de Biología Celular en la facultad de Medicina de la Universidad de Wisconsin y más tarde llevó a cabo estudios pioneros de epigenética en la facultad de Medicina de la Universidad de Stanford que lo llevaron al convencimiento de que nuestro cuerpo puede cambiar si reeducamos nuestras creencias y percepciones limitadoras. El problema siempre es el cómo: cómo cambiar la información del subconsciente. En su libro La biología de la creencia (Palmyra) recomienda métodos como el PSYCH-K. Y en La biología de la transformación (La esfera de los libros) explica laposibilidad de una evolución espontánea de nuestra especie.

Me enseñaron que los genes controlan la vida, que en ellos se inscriben todas nuestras capacidades y características, pero es falso.

¿Del todo?

No somos víctimas de nuestra genética, en realidad es el ADN el que está controlado por el medio externo celular.

¿Qué significa eso?

La célula es la vida. Hablar de una célula es como hablar de una persona. Nosotros recibimos la información a través de los cinco sentidos y las células reciben las señales del entorno a través de los receptores que captan la información. El ADN es controlado por señales que vienen desde fuera de la célula, incluyendo mensajes energéticos de nuestros propios pensamientos, tanto los positivos como los negativos.

¿Somos lo que vivimos y pensamos?

Sí, y cambiar nuestra manera de vivir y de percibir el mundo es cambiar nuestra biología. Los estudios que empecé hace cuarenta años demuestran que las células cambian en función del entorno, es lo que llamamos epigenética. Epi significa por encima de la genética, más allá de ella.

¿Y?

Según el entorno y como tú respondes al mundo, un gen puede crear 30.000 diferentes variaciones. Menos del 10% del cáncer es heredado, es el estilo de vida lo que determina la genética.

¿Es el entorno el que nos define?

Aprendemos a vernos como nos ven, a valorarnos como nos valoran. Lo que escuchamos y vivimos nos forma. No vemos el mundo como es, vemos el mundo como somos. Somos víctimas de nuestras creencias, pero podemos cambiarlas.

Pero las creencias están inscritas en lo más profundo de nuestro subconsciente.

Cierto. El subconsciente es un procesador de información un millón de veces más rápido que la mente consciente y utiliza entre el 95% y el 99% del tiempo la información ya almacenada desde nuestra niñez como un referente. Por eso cuando decidimos algo conscientemente como, por ejemplo, ganar más dinero, si nuestro subconsciente contiene información de que es muy difícil ganarse la vida, no lo conseguiremos.

¿Entonces?

Si cambiamos las percepciones que tenemos en el subconsciente, cambiará nuestra realidad, y lo he comprobado a través de numerosos experimentos. Al reprogramar las creencias y percepciones que tenemos de cómo es la felicidad, la paz, la abundancia, podemos conquistarlas.

Me suena a fórmula feliz…

Así es como funciona el efecto placebo. Si pienso que una pastilla me puede sanar, me la tomo y me encuentro mejor. ¿Qué me ha sanado?…

¿La creencia?

Eso parece. Al igual que los pensamientos positivos y el efecto placebo afectan a nuestra biología, existe el efecto nocebo: si crees que algo te hará daño, acabará por hacerte daño. Henry Ford decía que tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, tienen razón. Sieliges vivir un mundo lleno de amor, tu salud mejorará.

¿Y eso por qué?

La química que provoca la alegría y el amor hace que nuestras células crezcan, y la química que provoca el miedo hace que las células mueran. Los pensamientos positivos son unimperativo biológico para una vida feliz y saludable. Existen dos mecanismos de supervivencia: el crecimiento y la protección, y ambos no pueden operar al mismo tiempo.

O creces o te proteges.

Los procesos de crecimiento requieren un intercambio libre de información con el medio, laprotección requiere el cierre completo del sistema. Una respuesta de protección mantenida inhibe la producción de energía necesaria para la vida.

¿Qué significa prosperar?

Para prosperar necesitamos buscar de forma activa la alegría y el amor, y llenar nuestra vida de estímulos que desencadenen procesos de crecimiento. Las hormonas del estrés coordinan la función de los órganos corporales e inhiben los procesos de crecimiento, suprimen por completo la actuación del sistema inmunológico.

¿La culpa de todo la tienen los padres?

Las percepciones que formamos durante los primeros seis años, cuando el cerebro recibe la máxima información en un mínimo tiempo para entender el entorno, nos afectan el resto de la vida.

Y las creencias inconscientes pasan de padres a hijos.

Así es, los comportamientos, creencias y actitudes que observamos en nuestros padres se graban en nuestro cerebro y controlan nuestra biología el resto de la vida, a menos que aprendamos a volver a programarla.

¿Cómo detectar creencias negativas?

La vida es un reflejo de la mente subconsciente, lo que nos funciona bien en la vida son esas cosas que el subconsciente te permite que funcionen, lo que requiere mucho esfuerzo son esas cosas que tu subconsciente no apoya.

¿Debo doblegar a mi subconsciente?

Es una batalla perdida, pero nada se soluciona hasta que uno no se esfuerza por cambiar. Deshágase de los miedos infundados y procure no inculcar creencias limitadoras en el subconsciente de sus hijos.

Fuente: La Vanguardia – 09.09.2011

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