Extraescolares sí, pero también necesitan tiempo para jugar

Las clases extraescolares que ofrecen los centros educativos cumplen una importantísima labor más allá de la diversión de los pequeños y del desahogo para los padres que trabajan por las tardes. Pero, para que cumplan sus funciones, resulta imprescindible que las imparta personal capacitado y que no se abuse de las horas que el niño dedica a ellas.

También hay que tener en cuenta que, si bien estas clases no son estrictamente escolares, y en muchos casos pueden resultar divertidas, sigue siendo necesario que los niños dispongan de tiempo libre. Las clases extraescolares son pautadas y suponen un límite al juego en libertad, por lo que no es recomendable ‘saturar’ la agenda de los niños con este tipo de actividades, convirtiendo cada tarde en un listado de clases a las que atender.

Es complicado encontrar el equilibrio, porque la medida ‘justa’ de clases a las que debe acudir un niño depende mucho de él mismo, de su forma de ser, de su edad, sus capacidades… y sus gustos. De poco sirve apuntar a piano a un crío al que no le gusta la música porque no lo va a disfrutar. El hecho de que su padre quiera ser pianista y vuelque sus frustraciones en su hijo no sólo no sirve, sino que puede ser contraproducente.

En todo caso, hay que poner un límite a las actividades, porque el campo de aprendizaje de los niños pequeños es muy amplio. También desarrollan su creatividad a través del juego y si limitamos ese tipo de aprendizaje también limitamos otros conocimientos no académicos pero igual de necesarios.Ahora que tanto se habla de emprendedores, hay que tener en cuenta que capacidades como esa, la de ver posibilidades donde otros no las ven, se desarrollan enormemente a través del juego y de la relación entre iguales. Ese aprendizaje está más allá del libro de texto y no hay que coartarlo.

Esto es lo que se llama ‘aprendizaje significativo’, aquel que nos permite enlazar los conocimientos teóricos y académicos que aprendemos con la experiencia real de nuestra vida. También permite enlazar los nuevos conocimientos con los ya construidos y favorece la aplicación de lo aprendido en un campo en otro distinto. Estar en la calle jugando con otros niños, salir a la naturaleza o relacionarse con el medio social ayuda a los pequeños a ir configurando una forma de ser y actuar en el futuro, fuera de las aulas y los libros de texto.

De forma que, aunque sean altamente recomendables, las clases extraescolares no pueden ser el pan nuestro de cada día. Lo más conveniente es que se curse una por jornada, y no a diario, aunque, como se ha dicho, depende de la edad y del carácter de cada niño.

Por eso hay que encontrar lo que le convenga a cada niño en cada etapa del crecimiento. Hay deportes adecuados para los 7 y los 14 años, al igual que hay materias más indicadas para niños más pequeños y otras para adolescentes. Para los padres, dar en el clavo con la actividad adecuada es todo un reto, pero si aciertan sera mucho más rentable. El niño disfrutará y, por eso, aprenderá mejor. Ellos tendrán algo más de tiempo disponible y verán cumplidos sus deseos de dotarles de una formación extra.

 

 

Coti Coloma* es psicóloga infantil

Fuente: El Confidencial, 20.09.2011

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